Queridos
compañeros,
Primero, me gustaria comentar que si lo pensáis
bien creo que pasamos más de la mitad de nuestro tiempo comprobando que las
recetas estén bien, que la cooperativa de turno no se equivoque tanto en los
pedidos y nos pague los abonos, que el SAS nos pague meridianamente bien, que
si hay que meter en el libro esto…Estamos más preocupados de no confundirnos y
perder dinero dando una marca por una EFG o de lo que hace el vecino en su
farmacia, que poco a poco hemos ido perdiendo la batalla con la administración.
Resulta sorprendente como en menos de 40 años hemos ido perdiendo servicios y
prestaciones que aparte del perjuicio económico hacia nuestro sector, ha
rebajado el prestigio de nuestra profesión. Por ejemplo, mediante improcedentes
medidas puramente recaudatorias han obligado a
muchísimas farmacias a prescindir las fórmulas magistrales que son el
alma de nuestra profesión..
Mi opinión sobre el
futuro de la farmacia comunitaria en España se basa en las siguientes
reflexiones;
1. El
modelo actual está agotado
porque el 80% de nuestros ingresos
dependen de que nos paguen medicamentos cada vez más baratos, un Estado cada
vez más moroso y caradura
2. El
farmacéutico es el único profesional sanitario que es remunerado por la venta
de un producto en lugar de por la prestación de un servicio. Somos
considerados tenderos porque cobramos según el precio del medicamento
3. Falta
de desarrollo, autoestima y alicientes profesionales de sanitarios. Los titulares
y adjuntos están desaprovechados en
su día a día en tareas administrativas y relacionadas eminentemente con la
gestión de productos. Esto es debido a que el
actual modelo por márgenes no incentiva la actuación profesional asistencial.
4. Burocracia
cada vez más excesiva que entorpece y ralentiza las tareas cotidianas más
básicas.
5. Desigualdades
cada vez mayores entre C.C.A.A
Por estos motivos
considero que es fundamental que los farmacéuticos no podemos ir a remolque de
la Administración, sino ser proactivos y promover y desarrollar iniciativas y
proyectos propios.
Hay que pensar qué valor añadido sanitario se puede
aportar a los pacientes, y qué valor añadido económico para los pagadores.
Podríamos plantear una reestructuración del modelo que
permita crear su propia oferta, que sea integral y que convierta nuestras
oficinas en espacios de salud. Esto proporcionaría nuevos servicios al sistema
sanitario que podrían ser comprados por los pacientes, las entidades sanitarias
públicas y las entidades privadas…, todo en un menor grado de dependencia
respecto a la Administración...
Debemos desarrollar
de una vez una cartera de servicios profesionales basados en la atención
farmacéutica.
La mejor manera de
fidelizar pacientes no es ni ser el más
barato ni una tarjeta de puntos tipo Carrefour; es la de nuestra
profesionalidad y ello significa formarse, continuar estudiando y estar al día
como hacen otros colectivos sanitarios.